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La violencia concentra la curiosidad humana porque es, junto con el sexo, el factor que más puede afectar a la multiplicación de nuestros genes. Es cuestión de supervivencia.

Cuando el espíritu se desvanece aparece la forma, y el silencio se hace tan grande que sólo podemos oírlo en el reloj de nuestros corazones. Es lógico sentir el éxtasis al contemplar los cadáveres de otras personas, macabra liberación de endorfinas producida tras la tensión, y saber que no somos nosotros las víctimas esta vez. Simplemente pensábamos que debíamos contártelo.

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